La familia se siente avergonzada por la conducta del enfermo e intentan
ocultarlo. Esta vergüenza es perjudicial para el enfermo ya que
esto contribuye a aislarlo, a disminuir sus interacciones sociales y
sus actividades mentales y físicas.
Si se le explica a los amigos que la conducta de la persona se debe
a una enfermedad neurológica, que no depende de su voluntad,
ni de la de nadie, el verdadero amigo tendrá una actitud comprensiva
y muchas veces vienen a transformarse en una buena fuente de apoyo.
Esa ayuda debe ser aceptada de inmediato proponiéndole actividades
simples pero concretas.
Si ese amigo se da cuenta que puede ser útil, es probable que
vuelva, en cambio si llega a la casa y se le deja pasar frente al enfermo
sin ninguna explicación y sin saber qué decir o qué
hacer, es probable que se angustie y prefiera no volver.